Criptoactivos e inclusión financiera: un nuevo horizonte para el derecho financiero

Por Jackson René Valbuena Cure

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A nivel global, cerca del 21 % de los adultos no tiene acceso al sistema financiero formal; en América Latina y el Caribe, esta cifra asciende aproximadamente al 40 %. Si bien una cuenta bancaria tradicional no constituye una necesidad primaria —como el acceso a alimentos o agua potable—, sí ofrece ventajas fundamentales en términos de seguridad y protección patrimonial. A ello se suma la posibilidad de acceder a productos financieros, créditos y otros servicios que contribuyen de manera significativa a mejorar la calidad de vida de las personas.

Resulta evidente que, debido a factores culturales, normativos y a la falta de oportunidades, un número significativo de personas permanece excluido del sistema financiero tradicional. Incluso quienes cuentan con una cuenta bancaria se enfrentan a importantes limitaciones, ya sea por los elevados costos de determinados servicios o por la imposibilidad de acceder a ellos. Por otra parte, aun cuando algunas personas pueden asumir dichos costos, ciertos servicios —como las transferencias internacionales— suelen ser lentos y engorrosos, lo que resulta especialmente problemático para quienes necesitan resolver situaciones urgentes.

Según el Banco Mundial, la inclusión financiera implica que tanto individuos como empresas puedan acceder a productos financieros formales —tales como cuentas de ahorro, préstamos, seguros o sistemas de pago— de manera oportuna, a costos razonables y con la educación necesaria para utilizarlos adecuadamente. En este sentido, no se trata únicamente de poseer una cuenta bancaria, sino de contar con la capacidad real de participar plenamente en la economía mediante herramientas financieras confiables.

Bajo esta concepción de inclusión financiera, las finanzas descentralizadas (DeFi), al operar fuera del marco de la regulación financiera tradicional, han posibilitado formas efectivas de inclusión financiera. Un ejemplo claro de ello se observa en contextos donde determinadas legislaciones excluyen a las mujeres de la vida jurídica y financiera, barreras que en la práctica han sido superadas mediante el uso de criptoactivos. Asimismo, en aquellos casos en los que, por decisiones políticas, ciertos Estados quedan aislados del sistema SWIFT —con el consiguiente impacto negativo en la economía personal de ciudadanos ajenos a dichas decisiones—, las soluciones DeFi han ofrecido una alternativa funcional. Algo similar ocurre con personas perseguidas por motivos políticos o con movimientos objeto de exclusión financiera, que han logrado sostener sus actividades a través del uso de tecnologías basadas en criptoactivos.

Los criptoactivos y las finanzas descentralizadas (DeFi) constituyen hoy una herramienta clave para promover la inclusión financiera, especialmente en contextos donde barreras legales, culturales o geográficas limitan el acceso al sistema financiero formal. A diferencia de la banca tradicional, estas plataformas permiten que cualquier persona con conexión a internet y un dispositivo digital pueda abrir una cartera digital, recibir pagos, acceder a préstamos o participar en productos de ahorro, sin necesidad de intermediarios ni de cumplir estrictos requisitos burocráticos, como historial crediticio o documentación física. Además, al operar sobre tecnología blockchain, las transacciones resultan transparentes, seguras y trazables, ofreciendo un nivel de confianza comparable al de los sistemas regulados, a la vez que facilitan la participación de mujeres, migrantes y comunidades rurales que históricamente han sido excluidas.

En el ámbito internacional, los criptoactivos facilitan transferencias transfronterizas rápidas y de bajo costo, ampliando el acceso a servicios financieros globales y generando nuevas oportunidades económicas, incluso en países donde la normativa tradicional limita la bancarización o la participación económica formal de determinados grupos. De este modo, las DeFi y los criptoactivos trascienden su carácter meramente tecnológico, constituyéndose en instrumentos que fortalecen la inclusión financiera, amplían el acceso a derechos económicos, promueven la autonomía individual y contribuyen a reducir desigualdades estructurales en el acceso a servicios financieros.

El impacto de los criptoactivos en las finanzas globales es cada vez más evidente, tanto en la movilidad de capitales como en la dinámica de los mercados internacionales. En primer lugar, las remesas y transferencias transfronterizas se han visto transformadas por estas tecnologías: los migrantes pueden enviar dinero a sus familias de manera casi inmediata y con costos significativamente inferiores a los de los sistemas bancarios tradicionales, lo que reduce fricciones económicas y facilita el flujo de recursos hacia economías dependientes de remesas. En el ámbito de los mercados financieros internacionales, la adopción de criptoactivos por bancos, fintechs y plataformas de pago digital introduce nuevas dinámicas de liquidez, inversión y diversificación, al tiempo que plantea desafíos en términos de estabilidad monetaria y política cambiaria, dado que los activos digitales globales pueden interactuar con las monedas locales de manera rápida y descentralizada.

El principal ejemplo de inclusión financiera que ofrecen los criptoactivos se observa tanto en su proceso de creación como en las reglas que rigen su funcionamiento. Por un lado, cualquier usuario puede crear libremente su propia criptomoneda, estableciendo sus propias normas y protocolos. De manera similar, es posible participar en la creación de criptomonedas preexistentes, como Bitcoin, cuya emisión se lleva a cabo mediante procesos computacionales complejos. Finalmente, las reglas que determinan aspectos como la emisión, disponibilidad y evolución de estas monedas dependen exclusivamente de mecanismos de gobernanza basados en tokens, lo que sitúa el control en manos de los propios usuarios y no de una entidad centralizada.

A pesar del enorme potencial de los criptoactivos y las finanzas descentralizadas (DeFi) para ampliar el acceso a servicios financieros, su adopción implica riesgos y desafíos jurídicos significativos. La volatilidad inherente de estos activos expone a los usuarios a pérdidas financieras súbitas, lo que subraya la necesidad de educación y conocimiento previos antes de involucrarse en este mercado. Asimismo, persiste la exclusión digital: quienes carecen de dispositivos, conectividad o educación financiera continúan al margen de estos beneficios, generando nuevas formas de desigualdad.

Adicionalmente, la desregulación y la descentralización, elementos intrínsecos de las DeFi, introducen riesgos adicionales que no pueden ser ignorados. No obstante, comparados con las ventajas que estas tecnologías ofrecen en términos de libertad individual, autonomía económica, propiedad privada y eficiencia en las transacciones, los riesgos parecen relativamente limitados. En conjunto, los criptoactivos y las DeFi no solo representan una innovación tecnológica, sino una oportunidad concreta para reconfigurar el acceso al sistema financiero global, equilibrando la seguridad, inclusión y participación económica.

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